La autonomía es lo que está en juego

Por qué aprender no es opcional en la vejez

Cuando una persona mayor deja de aprender, no pierde solo habilidades. Pierde autonomía. Pierde la capacidad de decidir sobre su día, sobre su plata, sobre su tiempo. Y con la autonomía, se van cerrando también ventanas del bienestar, la productividad y la participación.

Esa es la apuesta con la que arranca Conectados +60: hablar de tecnología y personas mayores desde este ángulo. No desde el marketing tecnológico, sino desde el respeto. Desde algo más grande: qué está en juego cuando aprendemos, y qué se pierde cuando dejamos de hacerlo.

Las personas mayores no son un grupo homogéneo

Antes de seguir, un punto clave. Cuando decimos “personas mayores” hablamos de una diversidad enorme. Una mujer urbana pensionada que maneja su banca por celular. Un hombre rural que apenas recibe mensajes de texto. Una persona mayor que cuida a su esposo enfermo. Alguien que vive solo. Un jubilado con discapacidad visual. Uno de 62, otra de 88.

Reducir toda esta diversidad a la etiqueta “personas mayores” es no vernos.

Pero, con todas esas diferencias, hay algo que nos une: el deseo de mantener y fortalecer la autonomía. La capacidad de hacer las cosas por uno mismo. De no depender de que otro haga por uno lo que uno podría hacer.

Un dato colombiano que dice mucho más que Colombia

En Colombia, se proyecta que una de cada cuatro personas tenga más de 60 años en 2050. No es una cifra local: es un dato que se repite, con variaciones mínimas, en España, Chile, Uruguay, México, y en casi todos los países hispanohablantes. Y también en Japón, Italia, Corea del Sur, Alemania. El envejecimiento poblacional es un fenómeno global.

Lo que hoy vive Colombia, ya lo viven numerosos países. Y lo van a vivir muchos más.

Ahora, un dato más específico y revelador. Cuando el DANE preguntó, en su Encuesta Nacional de Calidad de Vida 2020, a las personas mayores de 60 años que no usan internet por qué no lo usan, seis de cada diez respondieron que la razón principal era no saber cómo. Solo una de cada diez dijo que era por el costo. Y menos de dos de cada cien, por falta de cobertura.

Léalo de nuevo, porque es importante: seis de cada diez no saben. Una de cada diez, debido a que es muy caro.

Esto cambia por completo la conversación. El problema principal de la brecha digital de las personas mayores en Colombia no es la infraestructura. No es el bolsillo. Es que muchos no han tenido la oportunidad de conocer y aprender cómo se accede.

Loro viejo sí aprende

En Colombia decimos algo que suena a sabiduría popular pero que tiene una connotación en alguna medida cruel: “loro viejo no aprende”. Es la forma condensada de un prejuicio que atraviesa muchas conversaciones sobre la vejez: la creencia de que aprender es cosa de jóvenes, y que en la vejez lo único posible es defender lo que ya se sabe…. y olvidarlo.

La evidencia dice otra cosa.

Ya en los años sesenta, el psicólogo Raymond Cattell distinguió entre dos tipos de inteligencia: la cristalizada (los conocimientos y destrezas acumuladas a lo largo de la vida) y la fluida (la capacidad de razonar rápidamente en situaciones nuevas). La cristalizada, contra lo que dice el prejuicio, no solo se conserva con la edad: en muchos casos aumenta. La fluida sí disminuye con los años, pero mucho menos y mucho más tarde de lo que se piensa.

Un meta-análisis reciente, publicado en 2021 por Noble y colegas sobre más de 4.000 adultos, mostró algo aún más interesante: el aprendizaje continuo en la vejez recupera habilidades cognitivas equivalentes a personas cinco años más jóvenes. Es decir, aprender no solo mantiene la mente activa: la rejuvenece funcionalmente.

Y más importante todavía: los estudios de Lövdén y otros investigadores muestran que las personas que siguen aprendiendo a lo largo de la vida presentan un deterioro cognitivo menos acelerado. Aprender protege lo cognitivo, y a la vez usa lo cognitivo. Es un ciclo virtuoso.

Loro viejo sí aprende. Y cuando aprende, gana algo mucho más grande que una destreza nueva: conquista la capacidad de seguir siendo uno mismo.

La tecnología, con las condiciones adecuadas

¿Dónde entra la tecnología en todo esto?

Con un papel claro: no como amenaza, no como salvación. Como apoyo. Cuando una persona mayor aprende a utilizar herramientas digitales en función de superar algunos de su desafíos cotidianos, su uso puede contribuir a sostener y fortalecer buena parte de la autonomía que requiere para desplegar mejoras en su calidad de vida.

Un recordatorio de medicamentos que llega a la hora exacta. Una videollamada con el nieto que vive en otra ciudad. Un pago hecho sin salir de casa. Un trámite resuelto sin filas de cuatro horas. Una duda consultada a cualquier hora del día o de la noche.

Nada de esto es magia. Y nada de esto reemplaza el vínculo humano, ni el abrazo, ni la voz al otro lado del teléfono.

Pero para que la tecnología cumpla ese papel, tienen que darse ciertas condiciones. La investigación reciente en inclusión digital de personas mayores identifica al menos seis factores que hacen que un uso sea posible y sostenido:

Conectividad estable donde uno vive. Sin internet decente, la aplicación más útil del mundo no funciona.

Costos abordables de dispositivos y planes de datos. Aunque el DANE muestra que el costo no es la barrera principal, para muchos sigue siendo real.

Diseño entendible de las aplicaciones. Botones claros, textos legibles, flujos sin trampas. Cuando la app pide crear cuenta, verificar correo, aceptar términos y descargar otra app antes de mostrar algo útil, se pierde a la mayoría de personas mayores en el primer minuto.

Apoyo cercano cuando algo falla. Alguien que muestre cómo, que acompañe la primera vez, que responda el “¿y esto qué es?” sin impaciencia.

Habilidades acumuladas. Cada persona mayor llega a la tecnología con una historia distinta. Alguien que usó computador en su trabajo hace veinte años parte de un punto muy diferente de alguien que nunca lo tocó.

Relevancia percibida. La tecnología tiene que resolver algo que a la persona le importe resolver. Una app maravillosa que sirve para algo que la persona no valora, no se adopta.

Cuando estas seis condiciones están dadas, las posibilidades son enormes. Cuando falta una o varias, las promesas de la tecnología se caen en la vida cotidiana.

Un matiz importante: la vejez no es una promesa de eterna juventud

Este artículo no pretende decir que en la vejez todo se puede. La vejez trae consigo cambios reales. Existen la enfermedad, la fragilidad, el deterioro cognitivo severo. Nadie que se tome esto en serio puede negarlo.

Pero de ahí a asumir que las personas mayores ya no aprenden, hay un paso enorme. Un paso que muchas veces damos sin darnos cuenta, y que se paga caro. Porque cuando asumimos que alguien ya no puede aprender, dejamos de enseñarle. Y cuando dejamos de enseñarle, efectivamente no aprende. Es una profecía autocumplida.

Este canal, y este blog, existen entre otras cosas para desmontar ese prejuicio con evidencia, con matices, y con respeto.

Una conversación intergeneracional

Un último punto que va en el corazón del proyecto.

Este no es un espacio solo para personas mayores. Es un espacio para las personas mayores, para quienes las rodean, y para quienes serán mayores mañana. Porque este tema es intergeneracional.

La sociedad tiene mucho que aprender de las personas mayores: sobre paciencia, sobre criterio, sobre lo que dura y lo que no. Y las personas mayores tenemos mucho que aprender de las generaciones más jóvenes: sobre herramientas nuevas, sobre lenguajes nuevos, sobre formas de resolver que no existían hace veinte años.

Ese diálogo, esa conversación entre generaciones, es también parte de lo que este proyecto quiere abrir.

Y algo más: todos vamos a ser personas mayores en algún momento de la vida. Los que hoy tienen 40, 50, 30. Lo que pensemos hoy sobre cómo las personas mayores se relacionan con la tecnología es lo que van a heredar cuando sea su turno. Nos compete a todos.

Este artículo acompaña el primer video del canal Conectados +60 en YouTube.

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Fuentes consultadas: DANE, Encuesta Nacional de Calidad de Vida 2020; Fundación Saldarriaga Concha, Portal +60 Datos Plateados; Noble, K. G. y col. (2021), meta-análisis sobre aprendizaje y cognición en adultos mayores; Lövdén, M. (2020), estudios sobre educación continua y protección cognitiva; Cattell, R. B., distinción entre inteligencia cristalizada e inteligencia fluida.

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